Homosexualidad en el matrimonio heterosexual: amor de pareja

El amor es un elemento esencial en la vida de pareja. Si no es por conveniencia económica o de cualquier otro tipo, el amor es algo bueno que puede hacer de la vida algo mucho más placentero, enriquecedor y con sentido. Sin embargo, ¿qué hay de las uniones heterosexuales en donde el hombre descubre su homosexualidad? ¿Qué pasa con el amor? ¿Es posible seguir queriendo a alguien sabiendo las diferencias de preferencia sexual que existen entre ambos?

En la actualidad, la psicología clínica y la investigación sobre diversidad sexual reconocen que este tipo de situaciones —parejas heterosexuales donde uno de los miembros descubre o revela una orientación homosexual o bisexual— son más comunes de lo que antes se pensaba. No se consideran fallas morales ni traiciones identitarias, sino procesos de autodescubrimiento que pueden emerger en cualquier etapa de la vida. Este marco contemporáneo coincide con la visión de Viktor Frankl en cuanto a que la persona no “elige” su orientación, sino que descubre su modo de ser en el mundo, y que la autenticidad es un valor existencial fundamental.

Antes que todo, debemos diferenciar entre lo que es amor propiamente dicho y erotismo sexual. “En el amor, el ser amado es concebido como un ser peculiar y singular en su ser-así-y-no-de-otro-modo; es concebido como un tú y acogido como tal por otro yo”, dice Viktor E. Frankl. Si una mujer ama a su marido por ser como es, entonces estamos hablando de amor puro, de verdadero amor, independientemente de que haya o no un placer sexual detrás de todo esto. En este sentido, la pareja es insustituible e irreemplazable para quien le ama.

Hoy sabemos, además, que la orientación sexual no invalida la historia afectiva previa. Muchas parejas reportan que el amor vivido fue auténtico, aunque la dimensión erótica no se sostenga en el tiempo. La literatura contemporánea sobre parejas de orientación mixta (mixed-orientation couples) confirma que el amor puede persistir incluso cuando la relación sexual deja de ser viable, y que la transición hacia nuevas formas de vínculo —amistad profunda, coparentalidad, apoyo mutuo— es posible cuando existe respeto y honestidad emocional (Salomón Paredes, A., 2019).

Podríamos decir que las actitudes hacia la relación de pareja se pueden estratificar en tres capas diferentes —según Frankl—, a saber: la sexual, la erótica y la de amor. La actitud sexual, la más primitiva de todas y a la vez la más superficial, es el producto de la apariencia física y la excitación de la pareja sexualmente predispuesta. La actitud erótica hace referencia más bien al estado de enamoramiento, algo que va más allá (o penetra más profundo) que lo puramente sexual; es decir que su actitud no la dicta propiamente el impulso sexual sino también el estado anímico de la otra persona.

“Las cualidades físicas de la otra parte —dice Frankl— producen en nosotros una excitación sexual; de sus cualidades anímicas, en cambio, nos enamoramos. Sin embargo, ni lo físico ni lo anímico llegan a la actitud más profunda de todas, que es la actitud del amor (tercer estrato).” El amor es, por decirlo así, la expresión más alta de lo erótico (en el sentido más amplio del término) y la vinculación con algo espiritual. Esto explica por qué algunas personas, después de enterarse de que su pareja es gay o lesbiana, siguen estando enamoradas de él o ella, o incluso siguen experimentando el amor.

La investigación actual coincide con esta visión: el amor profundo no depende exclusivamente de la compatibilidad sexual. Estudios recientes muestran que las parejas que atraviesan revelaciones de orientación sexual experimentan un duelo complejo, pero también pueden reconstruir un vínculo significativo cuando ambos reconocen la dignidad y autenticidad del otro. La logoterapia contemporánea enfatiza que el sentido del amor no se reduce al deseo, sino a la afirmación del ser del otro.

De esta manera, el ser que experimenta amor hacia el otro no teme por la decepción al acceso corporal, físico y/o sexual de la otra persona, sino más bien teme profundamente los cambios que ahora se van a dar en la relación puramente psicoafectiva, o bien la incertidumbre que genera esa situación. Sin embargo, es importante hacer notar que dicha relación no cambiará en su esencia debido simplemente a que las personas no han hecho nada para ser como son, y solamente deben seguir siendo tal cual son; por ello no debiera haber decepciones al respecto. Las decepciones surgen con la separación y el distanciamiento entre los seres que en un principio sintieron amor verdadero.

La literatura contemporánea sobre rupturas en parejas de orientación mixta confirma que el dolor no proviene de la orientación sexual en sí, sino de la pérdida del proyecto compartido. El duelo es real, profundo y legítimo, pero no implica que el amor vivido haya sido falso. De hecho, muchos terapeutas de pareja que trabajan desde la logoterapia señalan que la aceptación de la verdad del otro es un acto de amor en sí mismo (Triglia, A., 2017/2025).

Si el amor (en este caso del esposo) “le es robado” por otro hombre, su enamoramiento dirigido en primera instancia hacia la mujer deberá encarar o no una terminación definitiva. El amor puede seguir existiendo entre la pareja, pero si acepta la terminación será en este caso la mujer quien sufrirá una vejación sentimental mucho mayor que incluye la separación física y, consecuentemente, psicológica y espiritual. La parte más traumática será siempre la separación en sí, cualquiera que sea la situación, pues nadie en su sano juicio puede olvidar tan fácilmente una relación que en algún momento fue significativa. Ya sea que el hombre engendre o no sentimientos de culpa o pena profunda, los resultados dependerán siempre de la forma en que maneje esa situación.

En la actualidad, se reconoce que la culpa no es un indicador de amor, sino de conflicto interno. La psicología contemporánea recomienda que ambas partes reciban acompañamiento profesional para procesar la transición, especialmente cuando hay hijos o proyectos de vida compartidos. La logoterapia moderna subraya que el sentido puede encontrarse incluso en el sufrimiento, siempre que se asuma con responsabilidad y autenticidad (Salomón Paredes, A.. 2019).


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Entonces, el amor puede seguir existiendo a pesar de no haber más relación física, y por supuesto, sexual. Si este es el caso, las personas pueden seguir viéndose y relacionándose como lo hacían antes, con la diferencia de que ya no hay sexo entre ellos. Algunos llamarán esa actitud como de “sangre fría”, pero es necesario recordar que a veces las personas necesitan de alguien como compañero de apoyo psicológico y espiritual sin que eso involucre necesariamente el sexo. Todo dependerá, en última instancia, del acuerdo a que se pueda llegar y de la capacidad de comprensión y aceptación por parte de los implicados.

Hoy se sabe que muchas parejas de orientación mixta evolucionan hacia vínculos no románticos pero profundamente significativos. La clave, según la investigación reciente, es la claridad emocional, la comunicación honesta y el respeto por la identidad del otro. La visión de Frankl sigue vigente: el amor auténtico afirma al otro en su ser, incluso cuando la forma del vínculo cambia (Logoterapia / Análisis Existencial – Viktor Frankl, 2025).

Referencias

  • Salomón Paredes, A. (2019). Logoterapia para parejas: una propuesta antropológica, metodológica y actitudinal. Revista Avances en Psicología.

  • Triglia, A. (2017/2025). La Logoterapia de Viktor Frankl: teoría y técnicas. Psicología y Mente.

  • Logoterapia / Análisis Existencial – Viktor Frankl. Spanish Psychological Databases (2025).

  • Frankl, V. E. (2018). Logoterapia y análisis existencial. Textos de seis décadas (2ª ed.). Herder.