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| Edmund, esperando a que salgan las pizzas del horno. (Flickr) |
El aburrimiento no tiene por que ser un estado de "vacío existencial" o de angustia. En cambio, podría ser solo un indicativo que nos invita a reconectar con viejos deseos, nuestra creatividad, o nuestro presente. Este artículo propone algunas estrategias para encontrar nuevos caminos frente al aburrimiento y convertirlo en una oportunidad de autoconocimiento y bienestar personal.
El aburrimiento como fenómeno psicológico
Lejos de ser una simple molestia, el aburrimiento es una emoción compleja que surge cuando nuestras expectativas de estímulo no se ven satisfechas por completo. Puede manifestarse como apatía, irritabilidad o sensación de vacío, especialmente en aquellos momentos en que hacemos una pausa laboral, como cuando llegan los fines de semana o las vacaciones de medio año. El aburrimiento es un espacio en el tiempo que nos confronta con nosotros mismos: con lo que evitamos, lo que postergamos, o con aquello que no nos atrevemos a explorar por cuenta propia.
Estrategias para darle un nuevo significado al aburrimiento
Retomar lo inconcluso
Volver a una actividad que se ha abandonado —una lectura, un proyecto creativo, una reparación pendiente— puede reconectarnos con deseos y memorias enterradas en el pasado; despertar la sensación de cerrar puertas que se quedaron abiertas. Pero no sólo se trata de terminar algo, sino también de recuperar el sentido que lo originó en su momento.
Explorar lo imaginado
El aburrimiento prospera cuando se convierte en impulso irrefrenable. En cambio, hacer aquello que siempre se quiso hacer —aunque parezca insignificante o improvisado— puede abrir nuevas rutas de expresión y autodescubrimiento. No conocemos realmente las cosas hasta que interactuamos de cerca con ellas.
Reactivar vínculos dormidos
Contactar a alguien que ha estado ausente en nuestra vida puede traer memorias, afectos y perspectivas olvidadas. En este sentido, el aburrimiento también es una oportunidad para el reencuentro con personas que hemos tenido en la mente todo el tiempo y que en más de una ocasión habíamos pensado restablecer el contacto con ellas. A veces comprobamos con sorpresa que el recuerdo es recíproco.
Invertir la rutina
Romper con lo habitual —leer si no se lee, salir de casa si pasamos mucho tiempo encerrados— permite que el cuerpo y la mente se reorganicen de una manera diferente a lo acostumbrado. Escribir, pintar, tocar un instrumento, caminar, o simplemente observar (o contemplar) pueden ser actividades que estimulen regiones distintas de nuestro cerebro, llevándonos a experimentar estados de mayor presencia y claridad mental.
Practicar la atención plena
Cuando ninguna actividad parece suficiente, el aburrimiento puede ser una invitación al silencio. Respirar profundo, aprender a sentir el cuerpo, meditar o simplemente estar allí sin hacer nada, sin exigencias ni propósitos en mente, puede revelar una nueva forma de felicidad no condicionada.
Conclusión
El aburrimiento no se debe ver como un enemigo a vencer, más bien podríamos percibirlo como un "mensajero" que nos avisa sobre la necesidad de cambio en cuanto interpretar nuestras propias experiencias de vida, una forma nueva y relajada de ver las cosas y acontecimientos que nos rodean todos los días. En lugar de evitarlo a toda costa, que es por lo general nuestra primera respuesta, podemos en cambio escuchar con atención y actuar de formas más favorables. A través de nuestras pequeñas acciones, gestos creativos o momentos de contemplación, es posible transformar nuestro tedio en una experiencia única de reconexión con el presente y con uno mismo.
Referencias
